Fukushima, una grave amenaza / Iván Restrepo

Written By Unknown on Senin, 16 September 2013 | 14.00

Hace dos años, en marzo, un terremoto de 8.9, al que prosiguió un espectacular tsunami, conmocionó a Japón y dejó miles de víctimas mortales y desaparecidos. El  terremoto sacudió la costa noreste del país mientras el  tsunami  produjo olas de hasta diez metros que  alcanzaron la ciudad de Sendai, donde el agua arrasó todo a su paso: casas, coches, barcos, sembradíos, granjas y edificios de hasta tres pisos de altura, vías de trenes, carreteras. La central nuclear de Fukushima Daiichi resultó dañada. En la sala de control de su reactor número 1, se registraba el día del terremoto  un nivel de radiactividad mil veces superior a lo normal.

Con el enorme poder de solidaridad que distingue a los japoneses, la zona afectada por el terremoto y el tsunami poco a poco fue limpiada de escombros y comenzó un enorme proceso de reconstrucción, que está lejos de terminar. Pero lo que no regresa a la normalidad y es una grave amenaza, es la central nuclear. Una vez que pasó el terremoto, once reactores paralizaron su actividad y el gobierno decretó la alerta atómica, aunque no se habían detectado fugas radiactivas en o cerca de las plantas nucleares. Sin embargo, en la de Fukushima Daiichi había problemas con la refrigeración de uno de sus reactores. Más de 50 mil personas residentes en la zona donde se ubica la central fueron evacuadas. Mientras, se tomaban  numerosas medidas para regular el funcionamiento de los reactores, evitar lo peor, alejar el peligro de manera definitiva.

Pero el mes pasado La Autoridad de Regulación Nuclear de Japón (NRA) decidió elevar al nivel 3 de la escala internacional de sucesos atómicos, la filtración de 300 toneladas de agua radioactiva almacenadas en un tanque de la central. Inicialmente la NRA estimó  que era nivel 1 de la Escala Internacional Nuclear y de Sucesos Radiológicos (INES), pero rectificó y la elevó al grado 3 debido al alto nivel de contaminación del agua. Es importante aclarar que la categoría 3 de INES, que incluye ocho niveles de gravedad (de 0 a 7) se define como un "incidente serio".

La filtración de esas 300 toneladas de líquido se produjo en uno de los casi mil tanques que se construyeron como medida de emergencia tras el accidente de 2011 con el fin de almacenar parte del agua empleada como refrigerante en los reactores de la planta. Esa agua  es altamente radiactiva. La filtración ocurrió  en una "nueva instalación diseñada  con  fines de seguridad radiológica específicos".

Lo que está demostrando esta filtración y otras anomalías en el funcionamiento de Fukushima es que  la crisis nuclear está lejos de resolverse. Por eso los organismos internacionales de energía  pidieron  al gobierno nipón "transmitir de manera clara" lo que sucede en la central, más allá de optar por la simple aplicación de la escala INES.

No es para menos pues la fuga recién detectada en el tanque se suma al problema de la acumulación de agua contaminada en los sótanos de los edificios de los reactores, que provoca el vertido de unas 300 toneladas diarias de agua contaminada al océano Pacífico y supone el principal desafío a la hora de poner punto final a los problemas  de la planta. Y para complicar las cosas, se han  detectado altos niveles de radiación en otros tres tanques de almacenamiento de agua contaminada y una de las tuberías que los conectan, lo que podría significar nuevas filtraciones. Los tanques están construidos de láminas de acero y ensamblados al igual que el que  el mes pasado  filtró las 300 toneladas de agua contaminada al mar. Con el agravante de que existen otros  350 tanques que son del mismo modelo que el defectuoso. Los  fabricaron cuando se produjo la crisis nuclear,  de forma más económica y rápida.

Mientras el gobierno nipón y las compañías dueñas de la central nuclear explican lo inexplicable, recordemos que estamos ante  la peor crisis de la historia nuclear luego de la tragedia de Chernóbil en 1986. Que esa crisis puede agravarse con el paso de los días  pues sigue la alta radiación. Y que  no parece que tengan el remedio a la mano para solucionarla.

Anotemos finalmente que el desastre nuclear de Fukushima llevó a la canciller Angela Merkel a dar marcha atrás en su decisión de prolongar la vida útil de las centrales atómicas de Alemania, que cerrarán definitivamente en 2022. En contraste, el gobierno chino apuesta por este tipo de energía para enfrentar los problemas que conlleva sostener su elevado crecimiento económico en el mediano y largo plazo. Por lo visto, el gigante asiático no está aprendiendo de la experiencia nipona. Y olvida que su fuerte, hasta ahora, no es la seguridad, habida cuenta los accidentes que frecuentemente se presentan en su sector minero y el industrial.


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